Haz una pregunta simple y escucha la respuesta
Si acompañas a alguien, preséntate y pregúntale si quiere que te quedes o si necesita que llames a una persona de confianza. Usa frases cortas: «Estoy aquí», «¿prefieres sentarte?» o «¿quieres que pidamos ayuda?». Deja espacio para responder. Evita interrogar o rodear a la persona con varias voces.
Ayuda a reducir riesgos, no a controlar a la persona
Si está en un sitio inseguro, ofrécele desplazarse a un lugar más tranquilo. Retira obstáculos cercanos y facilita sentarse. No la sujetes ni bloquees la salida salvo que exista un peligro inmediato y hacerlo sea necesario para prevenir un daño; si ocurre, pide apoyo urgente.
Ofrece opciones, no órdenes
Puedes sugerir mirar un punto fijo, notar los pies en el suelo o beber un poco de agua si le apetece. No es necesario tocar a la persona, contarle la respiración ni insistir en ejercicios. Pregunta antes. Si la persona está desorientada, no responde con normalidad o empeora, llama al 112.
Observa cómo evoluciona
Fíjate en el inicio, los síntomas, si puede hablar y si aparece una señal nueva. No conviertas la observación en una vigilancia que aumente el miedo; úsala para explicar con precisión la situación a los servicios sanitarios si los necesitas.
Permite que pase sin prometer un resultado
Evita decir «no te pasa nada» o «seguro que es solo ansiedad»: no puedes saberlo desde fuera y puede sentirse invalidante. Es más útil reconocer que la sensación es intensa, mantener una presencia calmada y buscar atención si no parece segura.